1 Tesalonicenses 5:17
Oren sin cesar.
1 Tesalonicenses 5:17
Oren sin cesar.
Es fascinante, y a la vez trágico, observar cómo funciona la mente humana en relación con las prioridades. Cotidianamente, nos angustiamos por los recibos de agua, de luz, por el saldo en la cuenta bancaria o por adquirir bienes que muchas veces son mera vanidad. Vivimos estresados por deudas financieras temporales, pero rara vez nos quita el sueño la inmensa e impagable deuda espiritual que teníamos delante de Dios.
Para comprender la magnitud de la provisión de Dios, debemos ir más allá del ámbito terrenal. El pasaje de Abraham ofreciendo a Isaac en el monte Moriah (donde nace el nombre Jehová Jireh) es mucho más que una prueba de fe individual; es un acto profético. Cuando Abraham declara: «Dios se proveerá de cordero para el holocausto», estaba señalando hacia el futuro, hacia el sacrificio supremo que el Padre celestial haría por la humanidad.
Nuestra naturaleza caída nos había dejado con una «cuenta» impagable de pecado, injusticia y falta de amor. Era una deuda espiritual y legal ante el tribunal de los cielos que ningún ser humano, con todo el oro del mundo, podía saldar. Frente a esta necesidad inminente, Dios operó como nuestro gran Proveedor. Él vio de antemano nuestra condición y dispuso un sustituto perfecto.
Al igual que en la Pascua, donde un cordero inocente tomaba el lugar de la familia para que el juicio pasara de largo, Dios proveyó a su propio Hijo, Jesucristo, en la Cruz del Calvario. Él fue el Cordero inmutable que tomó nuestro lugar. Dios no escatimó lo más valioso que tenía, para asegurarnos no solo el perdón de los pecados, sino el acceso libre a una vida espiritual abundante.
A través de esta provisión, recibimos la redención y las «arras» de nuestra herencia: el Espíritu Santo. Dios nos ha llenado de amor, paz, consuelo y sabiduría, bienes espirituales que el mundo entero anhela y no puede comprar.
Por lo tanto, la próxima vez que veas el nombre Jehová Jireh en un letrero comercial o pidas a Dios que supla una necesidad financiera temporal, recuerda mirar hacia la cruz. Allí es donde se manifestó la mayor provisión de la historia. Si Dios ya se anticipó y entregó a Su único Hijo para salvar nuestra alma eternamente, ¿no suplirá también nuestras necesidades diarias? La ansiedad pierde su poder cuando comprendemos que nuestra mayor deuda ya ha sido cancelada.
Fuente y Estudio: Esta es una porción del estudio completo. Puedes ver la enseñanza original de 1 hora aquí: https://youtu.be/dvrCcsNko94