1 Tesalonicenses 5:17
Oren sin cesar.
1 Tesalonicenses 5:17
Oren sin cesar.
La vida cristiana no es un paseo dominical; la Biblia la describe como una carrera que debemos correr con paciencia. Hebreos 12 nos exhorta a hacerlo con una condición innegociable: tener «puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe». Como un proyectil programado que ajusta su ruta continuamente para no perder su objetivo, así debe ser nuestra mirada espiritual hacia Cristo.
Sin embargo, hay un obstáculo masivo que nos impide correr: el peso y el pecado. Cuando la Biblia habla del «peso», se refiere a las cargas que adquirimos por seguir nuestra propia voluntad. Es por eso que Jesús dice: «Venid a mí, los trabajados y cargados». Terminamos cansados porque elegimos alejarnos de Su yugo, que es fácil, para cargar con el estrés de nuestras propias decisiones terrenales. Despojarnos del peso es renunciar a nuestra voluntad y aceptar la Suya. Despojarnos del pecado requiere arrepentimiento genuino.
Pero, ¿qué pasa si fallamos en fijar nuestros ojos en Jesús? Romanos 1:23 nos advierte del trágico resultado: terminamos cambiando la gloria del Dios incorruptible por imágenes de hombres o cosas corruptibles. Es decir, si no miras a Cristo, inevitablemente adoptarás la imagen y la cultura del mundo caído que te rodea.
Para mantener este enfoque, contamos con dos herramientas vitales: la oración y la Palabra. A veces, huimos de la oración porque, al acercarnos a la luz de Dios, el Espíritu Santo expone y reprende todo en nosotros que no se parece a Su Hijo (Juan 3:20). Duele ser moldeados, pero es absolutamente necesario. Al exponernos a la Palabra, obtenemos el entendimiento; y al exponernos a la oración, el Espíritu va podando al primer Adán que llevamos dentro, formando, gota a gota, la imagen gloriosa del Cristo celestial.
Fuente y Estudio: Esta es una porción del estudio completo. Puedes ver la enseñanza original de 1 hora aquí: https://youtu.be/YO-EE69LEPU