La hoja de respuestas: El examen más difícil

Es muy fácil diagnosticar los problemas de los demás, pero somos terriblemente ineficaces para evaluar nuestro propio estado espiritual. Como dijo Jesús, es sencillo ver la paja en el ojo ajeno ignorando la viga en el nuestro. Por eso, el apóstol Pablo en 2 Corintios 13:5 nos exhorta: «Pónganse a prueba para ver si están en la fe. Examínense a sí mismos».

Imagina que eres un estudiante rindiendo un examen, pero te toca calificarte a ti mismo. Si no tienes la hoja de respuestas oficial, es probable que te pongas una nota perfecta, justificando cada uno de tus errores. Dios posee la hoja de respuestas, y nos la ha entregado a través de su Palabra. La Biblia es el único estándar objetivo con el cual podemos examinarnos.

A veces, la levadura en nuestra vida es tan sutil que sufrimos de ceguera espiritual. Nos escudamos detrás de etiquetas como «yo tengo sana doctrina» o «yo ando en el Espíritu», volviéndonos intocables ante la crítica. Un gran ejemplo de esta levadura sutil es el espíritu escarnecedor o burlón. A menudo lo justificamos como «comedia» o «humor», sin darnos cuenta de que el Salmo 1 coloca al escarnecedor al mismo nivel que los pecadores y los malvados.

Debemos aprender del rey David. Cuando huía de su hijo Absalón y un hombre llamado Simei comenzó a maldecirlo, en lugar de ordenar su ejecución inmediata, David reflexionó: «Tal vez Dios lo envió». Tenía un corazón enseñable, dispuesto a considerar que podía estar equivocado. La próxima vez que alguien te confronte, antes de alzar tus defensas doctrinales, ve a la Palabra, revisa la hoja de respuestas y pídele al Señor que te limpie de cualquier levadura oculta.

Fuente y Estudio: Esta es una porción del estudio completo. Puedes ver la enseñanza original de 1 hora aquí: https://youtu.be/nx2JK0wrPPo