1 Tesalonicenses 5:17
Oren sin cesar.
1 Tesalonicenses 5:17
Oren sin cesar.
Una de las preguntas más recurrentes entre los creyentes es: ¿Por qué parece demorar tanto el retorno de Cristo? A menudo, nos enfocamos en las señales externas de los tiempos, pero olvidamos mirar hacia adentro, hacia la condición misma de la Iglesia. La respuesta podría radicar no en el reloj divino, sino en nuestra propia falta de preparación.
En el libro de Cantar de los Cantares (capítulo 8), encontramos una metáfora reveladora. Se menciona a una «hermana pequeña que no tiene pechos» y surge la pregunta: «¿Qué haremos con ella cuando sea pedida?». La respuesta implícita es que no está lista para el matrimonio. Le falta madurez. Por el contrario, la amada que está lista afirma con confianza que ella ha alcanzado la madurez y ha hallado gracia a los ojos del rey.
Esta figura ilustra perfectamente la situación de la Iglesia moderna. Jesucristo desea presentarse a sí mismo una novia gloriosa, sin mancha ni arruga (Efesios 5). Sin embargo, muchas veces la Iglesia se comporta como una niña inmadura o, peor aún, como una novia que se ha quedado dormida en el sofá mientras el novio ya la espera vestido en el altar. Si la novia no se ha bañado, no se ha vestido y no tiene prisa, el encuentro no puede llevarse a cabo. Cristo no regresará por una Iglesia que no refleja Su imagen ni ha alcanzado la madurez de Su carácter.
Parte de esta preparación recae en el liderazgo y en el discipulado. Para que la Iglesia tome la forma de Cristo, necesita conocer a Cristo. Aquí entra otro principio vital de Cantar de los Cantares: cuando la amada pierde de vista a su novio, sale a buscarlo. Otras mujeres le preguntan: «¿Qué tiene tu amado más que otro amado?». Ella no responde hablando de sus riquezas, sus casas o sus cuentas bancarias; ella describe detalladamente su persona, sus atributos, su carácter. Es una descripción tan cautivadora que las demás deciden ir a buscarlo junto con ella.
Hoy en día, cometemos el error de evangelizar o enseñar hablando únicamente de los «recursos» de Dios —lo que Él puede darnos, las bendiciones, la prosperidad—, pero no damos a conocer Su esencia. Si la Iglesia no conoce íntimamente a su Amado, ¿cómo podrá enamorarse de Él? ¿Y cómo podrá el mundo ser atraído a un Dios al que ni siquiera nosotros sabemos describir?
Es imperativo despertar del letargo espiritual. Dejemos de ser una Iglesia inmadura centrada en sí misma y enfoquémonos en conocer, reflejar y describir a nuestro Amado. Solo entonces estaremos listos para las bodas del Cordero.
Fuente y Estudio: Esta es una porción del estudio completo. Puedes ver la enseñanza original de 1 hora aquí: https://youtu.be/u8quWihVg_M