La atrofia mental del creyente en la era de la inmediatez

Vivimos en la época con el mayor acceso a la información en toda la historia de la humanidad. Si tenemos una duda sobre un pasaje bíblico, el proceso es simple: abrimos Google, le preguntamos a una Inteligencia Artificial, buscamos un video explicativo en YouTube o compramos el último libro del teólogo de moda. Tenemos respuestas predigeridas a un clic de distancia. Pero, paradójicamente, esta aparente ventaja nos está empobreciendo espiritualmente a un ritmo alarmante.

En el mundo antiguo, cuando alguien quería entender un principio de Dios, no tenía una inmensa biblioteca de comentarios exegéticos a su disposición. Su único recurso era la «Palabra cruda». Tenían que tomar un solo pasaje, retenerlo en su memoria y meditar profundamente en él. Esto requería un esfuerzo cognitivo y espiritual intenso. Fue de ese ejercicio profundo e independiente de la mente que nacieron libros rebosantes de sabiduría práctica, como Proverbios o Eclesiastés.

Cristianismo de comida rápida y mentes atrofiadas

Hoy, el conocimiento cristiano se ha vuelto altamente teórico, filosófico y tristemente superficial. Nos hemos acostumbrado a consumir revelaciones digeridas por otros. Es común encontrar creyentes que se enorgullecen de haber leído veinte libros sobre «guerra espiritual» o «gracia soberana», pero que apenas han leído el libro de Génesis. Conocen a la perfección lo que dice su denominación o su autor favorito, pero desconocen el texto bíblico original.

El apóstol Pablo, en Gálatas 3:1, reprende severamente a los creyentes llamándolos «insensatos» («¡Oh gálatas insensatos!, ¿quién os fascinó…?»). En el griego original, esta palabra está íntimamente ligada al concepto de «no inteligente» o, más específicamente, alguien que no ejercita su mente. Pablo mismo decía en 1 Corintios 2:2 que se propuso no conocer (ni pensar en) otra cosa sino en Jesucristo crucificado.

Cuando dejamos de meditar en la Palabra para buscar atajos de información fácil, nuestra mente espiritual se atrofia. Es como dejar de caminar por usar siempre el auto; al intentar correr, las piernas fallan. Al no meditar por nosotros mismos, perdemos la capacidad de defender nuestra fe, somos fácilmente engañados por cualquier viento de doctrina y nos volvemos incapaces de extraer sabiduría práctica para nuestra rutina diaria. Es hora de dejar los atajos y volver a ejercitar la mente en la fuente inagotable de la Escritura.

Fuente y Estudio: Esta es una porción del estudio completo. Puedes ver la enseñanza original de 1 hora aquí: https://youtu.be/KlDi0gDXA9U