De la soberbia a la paz: Evidencias de una oración transformadora

El propósito final de la oración no es proporcionarnos una experiencia mística esporádica para contarla a otros, sino conformarnos a la imagen del Hijo de Dios. La verdadera evidencia de que estamos pasando tiempo en el monte de la comunión con Cristo es el cambio radical en nuestro carácter y en nuestro comportamiento diario.

Es común encontrar personas —incluso dentro de la iglesia— que aparentan mucha espiritualidad pero cuyo perfil personal proyecta altivez, orgullo, estrés o amargura. Si estamos verdaderamente en la presencia de Dios, nuestra apariencia de arrogancia, nuestras actitudes burlonas o nuestro mal carácter deben ceder el paso a una postura de humildad, mansedumbre y profundo amor. Esto es la transfiguración en la práctica: abandonar el estrés abrumador que el mundo impone y adoptar un semblante que proyecta la inquebrantable paz del Señor, incluso cuando todo a nuestro alrededor parezca derrumbarse.

Para Jesús, este nivel de gloria y comunión era algo normal, su estilo de vida diario. Sin embargo, para nosotros suele parecer un evento extraordinario. El reto es hacer que esa transfiguración de carácter se vuelva la normalidad de nuestra vida espiritual. Esto requiere una entrega constante, no cediendo a la pereza, sino invirtiendo tiempos prolongados en la presencia de Dios.

Nuestro testimonio verdadero es una vida transformada. Cuando buscamos sinceramente a Dios en oración a la manera de Jesús, la transfiguración deja de ser un milagro lejano registrado en la Biblia y se convierte en nuestro testimonio de vida: Cristo formado en nosotros, iluminando tanto nuestro ser como a los que nos rodean.

Fuente y Estudio: Esta es una porción del estudio completo. Puedes ver la enseñanza original de 1 hora aquí: https://youtu.be/Ig0Z5rvv8EM