1 Tesalonicenses 5:17
Oren sin cesar.
1 Tesalonicenses 5:17
Oren sin cesar.
En el relato de la Transfiguración, Jesús no aparece solo en su estado de gloria; repentinamente es acompañado por dos de las figuras más grandes del Antiguo Testamento: Moisés y Elías. Más allá del significado profético y de la ley, la presencia de estos dos varones nos ilustra perfectamente las dos dimensiones prácticas de la transfiguración que ocurren cuando un creyente persevera en la oración.
Lucas describe que, mientras Jesús oraba, «la apariencia de su rostro se hizo otra, y su ropa se hizo blanca y resplandeciente». Aquí vemos dos cambios: uno interno o personal (el rostro) y uno externo o dimensional (la ropa).
Moisés nos proporciona el ejemplo perfecto de la transfiguración personal. En Éxodo 34, leemos que cuando Moisés descendía del monte Sinaí tras haber estado en la presencia de Dios, la piel de su rostro resplandecía, a tal punto que los israelitas tenían temor de acercarse. Su dedicación íntima con Dios dejó una marca visible en su semblante. De la misma manera, un creyente que habita en la comunión con el Padre reflejará esa gloria en su propio rostro, experimentando un cambio interno que irradia hacia afuera.
Por otro lado, Elías nos ilustra la transfiguración del entorno espiritual, la dimensión externa o «la ropa». En 1 Reyes 19, antes de que Dios le hablara en un «silbo apacible», hubo viento, un terremoto y fuego. Además, la presencia de Elías modificaba espiritualmente los lugares a donde iba. Cuando oramos con la constancia de Jesús, no solo cambia nuestro estado interno, sino que nuestra atmósfera, nuestra «dimensión» espiritual se altera. Nuestro hogar, nuestro trabajo y las personas que nos rodean percibirán una paz y una gloria que trascienden nuestro cuerpo físico, porque la luz de la oración auténtica transforma tanto el alma de quien ora como el entorno en el que camina.
Fuente y Estudio: Esta es una porción del estudio completo. Puedes ver la enseñanza original de 1 hora aquí: https://youtu.be/Ig0Z5rvv8EM