Despertar en la oscuridad: Cómo encontrar fuerzas cuando quieres rendirte

A lo largo de nuestra vida de fe, es casi seguro que enfrentaremos momentos donde la frustración y el cansancio nos susurren al oído que es mejor abandonar la lucha. Tratar de soportar las presiones de la vida en nuestras propias fuerzas nos llevará ineludiblemente al «sueño espiritual», un estado de inactividad donde perdemos el propósito, descuidamos la comunión y nos volvemos vulnerables a las tentaciones.

El antídoto contra este letargo lo encontramos en el corazón de los Salmos. Cuando el rey David declara en el Salmo 18:1: «Te amo, oh Jehová, fortaleza mía», no estaba simplemente usando un adjetivo poético. David había sido cazado, difamado y traicionado. Él sabía que si no fuera por el poder sustentador de Dios, jamás habría sobrevivido a sus angustias. Él no sobrevivió por ser fuerte, sobrevivió porque permitió que Dios fuera su fuerza.

El sueño espiritual es peligroso porque nos vuelve inactivos en el Reino de Dios. Cuando un creyente duerme ante sus responsabilidades espirituales, el pecado encuentra la puerta abierta (como le sucedió a David con Betsabé al quedarse en casa en tiempos de guerra). Si te das cuenta de que la vida te ha abrumado y has dejado de orar, de leer la Palabra o de servir, es momento de clamar por ayuda.

El apóstol Pablo nos ruega que despertemos del sueño (Romanos 13:11), y el profeta Isaías nos deja una promesa gloriosa: «Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti» (Isaías 60:1). Incluso si te has quedado dormido en medio de tu proceso, el Padre te llama hoy a despertar. El mundo a nuestro alrededor puede estar cubierto de densas tinieblas, pero si te levantas y buscas la fortaleza de Dios, verás Su gloria manifestada en tu vida.

Fuente y Estudio: Esta es una porción del estudio completo. Puedes ver la enseñanza original de 1 hora aquí: https://youtu.be/eIuNDWGB_5k