1 Tesalonicenses 5:17
Oren sin cesar.
1 Tesalonicenses 5:17
Oren sin cesar.
En la era moderna de las redes sociales, se ha vuelto tristemente común escuchar testimonios de cristianos que deciden abandonar sus congregaciones. Las excusas son variadas: «Me hirieron», «Hay mucha hipocresía», «La gente me cae mal», «La iglesia no es perfecta». Esta tendencia al «cristianismo individualista» o de «llanero solitario» está basada en una falacia histórica y espiritual: la falsa idea de que una iglesia verdadera debe ser impoluta, libre de conflictos y errores humanos.
Si leemos detenidamente el Nuevo Testamento, descubriremos que las comunidades que fundó el propio apóstol Pablo estaban lejos de la perfección. La iglesia de Roma lidiaba con el racismo y la discriminación entre judíos y gentiles. La iglesia de Galacia estaba al borde de la apostasía y el legalismo. La iglesia de Corinto estaba plagada de carnalidad, jactancia, divisiones e inmadurez. Si la iglesia primitiva era un «caos» que necesitaba constante corrección pastoral, ¿de dónde sacamos la expectativa de que nuestras iglesias locales serán paraísos sin fricción?
La iglesia no es un museo de santos perfectos, sino un hospital y un taller de transformación. Cuando reducimos el cristianismo a una experiencia individual y nos enojamos con Dios por los errores de las personas, actuamos de manera ilógica. Aislarnos evita que crezcamos en paciencia, gracia y amor genuino, que solo se forjan en el roce del trato mutuo (soportando la flaqueza de los débiles, como dice Romanos).
Además, este individualismo ha llevado a un grave desequilibrio en la misión de la iglesia. Hoy en día existe un clamor por el «evangelismo masivo»: ganar almas y traer a la gente de afuera. Esto es bíblico y necesario, pero a menudo se hace a expensas de los que ya están adentro. Cuidamos a la «oveja perdida» pero descuidamos a las «99».
En nuestras congregaciones hay personas que llevan años luchando en silencio con ataques en sus pensamientos, depresión espiritual y estancamiento. Si evangelizamos a alguien nuevo y lo traemos a una iglesia inmadura, llena de personas carnales que no han sido pastoreadas ni sanadas, el recién llegado saldrá huyendo.
El verdadero mandato de Cristo no fue solo «hacer conversos», sino «hacer discípulos». Y esto requiere comunidad. Requiere líderes y hermanos maduros que no huyan ante el primer problema, sino que se queden para aconsejar, soportar cargas, enseñar y edificar el cuerpo de Cristo. No busquemos la iglesia perfecta; seamos el agente de madurez y sanidad en la iglesia real en la que Dios nos ha plantado.
Fuente y Estudio: Esta es una porción del estudio completo. Puedes ver la enseñanza original de 1 hora aquí: https://youtu.be/u8quWihVg_M